domingo, 4 de noviembre de 2012

Quizá no te guste

A Isi

Tal vez, mi amada Isi, 
no te gusten los calvos 
y pienses que soy un viejo; 
quizá te disguste 
mi parca nariz 
o mi lentitud al hablar; 
yo no sé si querrías un esposo 
pobre de dientes, 
con antecedentes 
de loco o perro verde, 
sin cintura de avispa 
ni sonrisa a lo Harrison Ford; 
yo no sé, mi bella Isi, 
si, acaso, me miras 
con tal aversión que nunca, 
ni en sueños, 
me querrías como marido; 
si así fuera, 
aun con hondísima amargura, 
yo te diría: ego te absolvo
pero que no te asombren 
ni me reproches mis pretensiones 
porque este hombre tan feo 
que te escribe este poema, 
tiene más culpa 
de los defectos de su cuerpo 
que de su pasión por ti. 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Los deseos

A Isabela

Es amargo, Isabela, 
no conseguir los deseos 
pero ojalá mi suerte 
no destruya jamás 
 la redoma 
donde se destilan y brotan 
porque todo es preferible 
a vivir en el mundo 
sin anhelarlo apasionadamente. 

miércoles, 31 de octubre de 2012

Qué me daría la vida

A Isabela

¿Qué me daría la vida, Isi, 
qué me daría 
si la sed de otra alma 
que a mi corazón agita 
en el mar bebiera? 
¿Qué me daría la vida, Isi, 
qué me daría 
si, a mi amor generoso, 
tierna y profunda ofrenda, 
contestara un interés frío? 
¿Qué me daría la vida, Isi, 
qué me daría 
si mis manos cálidas, 
que buscan tus dulces dedos, 
las tocara carne sin alma? 
¿Qué me daría la vida, Isi, 
qué me daría 
si mi ternura frágil 
solo encontrara en el mundo 
una ironía liviana? 
¿Qué me daría la vida, Isi, 
qué me daría 
si tú no existieras 
y yo no hubiera dado mi pecho 
a un corazón tan niño? 

domingo, 28 de octubre de 2012

Que escuche el mundo

Quiero que escuche el mundo, 
Isabela, 
que mi corazón te ama 
y abomina de todo lo otro 
que lo aleje de tus ojos de Luna 
y de tu boca de espuma 
y que, si me abandonaras 
por mi odiosa necedad, 
no habría consuelo para mi alma 
por el horrible dolor 
que habitaría mi pecho; 
quiero que lo escuche el mundo, 
quiero que lo escuche 
aunque, por ello, haya de soportar 
la afrentosa burla de aquellos 
que de buen gusto se alaban, 
el indignado reproche de quien quisiera 
que dedicara mis versos 
a los grotescos asuntos políticos 
o el cansino consejo 
de los temperados enemigos de la pasión, 
moderados aprendices de psicología 
que parecen temer 
con supersticioso horror  
un corazón lleno de sentido 
que ha alcanzado 
el oculto secreto de la vida. 

Aquellos sueños de niño

A ti, Isabela

Aquellos sueños que, de niño, 
traían miel a mi corazón, 
aquellos sueños, 
dulces ansias de la ternura, 
tú los traes, 
enredados en tu pelo negro; 
en tus ojos asoman, 
los susurran tus labios... 
Aquellos sueños, 
efervescencia de la esperanza, 
están revoloteando otra vez, 
como florales insectos, 
en mi pecho, sembrado de amor. 
Aquellos sueños, 
alma de la felicidad plena, 
los ha derramado hoy sobre el mundo 
el amanecer. 

viernes, 26 de octubre de 2012

La felicidad escondida

A Isi

La felicidad que siento ahora 
no puedo hacerla alharaca; 
no río, ni grito, ni salto 
aunque me embarga 
la alegría de los niños. 
La felicidad que siento ahora 
no puede salir afuera; 
no canto, ni lloro ni abrazo 
aunque la dicha 
desborda mi corazón. 
La felicidad que siento ahora, 
no me empuja a la jactancia, 
ni por los caminos me conduce 
de la vanidad, 
no es hija de mi provecho 
pues estoy desnudo de egoísmo. 
La felicidad que siento ahora 
es escondida 
y cavando va hacia adentro 
hasta incendiarme el corazón; 
toda es por ti, Isabela, 
porque tus ojos me han mirado, 
pero no la puedo sacar, 
no puede salir afuera, 
pues me ocupa el alma entera 
y es inmensa como un océano. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Por qué estoy contigo

A Bea Magaña

No estoy contigo para que pagues 
con tu libertad amada 
pues solo a ti te pertenece,
ni con la soberanía 
de tu blanca y hermosa piel 
si así no lo quisieras; 
no estoy contigo para que mates 
la soledad de mi alma 
y solo por piedad me acojas 
sacrificando tu gusto, 
ni para llenar las noches 
con charlas agradables 
de palabras que se lleva el viento. 
No estoy contigo para llenar 
un vacío de mi pecho 
que tú no has creado, 
ni para vencer 
a la sórdida y vil muerte 
con un falso amor que me eleve 
a la dignidad de llorado; 
no estoy contigo para curarme 
un odio a mí mismo 
del que tú no tienes la culpa 
pues un ángel eres de inocencia, 
ni para calmar las tristezas 
que el tiempo trae cada día 
que tu no has podido traer 
pues todo lo que me das es dicha. 
No estoy contigo para incrementar, 
con interés avaro, 
mi felicidad. 
Si estoy contigo, Isabela, 
aun cuando en abundancia tienes 
cuanto mi alma codicia, 
no es por mezquino egoísmo; 
ni un asomo de recompensa 
me retiene junto a ti, 
ni la más mísera migaja 
de una retribución 
tienes que entregarme. 
Si contigo estoy, Isabela, 
y contienes en ti 
el más alto interés 
para este alma mía que te adora, 
si te busco con ansia 
cada segundo que vivo, 
es porque, de tu mera existencia, 
emana el mayor de los bienes 
que yo jamás pueda desear.